Con amor, Nole
publicado por locadeporvida | jul.03, 2011 | Tenis |
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Una nueva era en el tenis ha comenzado. Sigue siendo la edad de oro del tenis, pero los líderes cambian, y el duopolio Rafa-Roger se ha acabado oficialmente. Novak Djokovic es el nuevo campeón de Wimbledon, el nuevo número 1 del mundo, y lo logró de la manera más extraordinaria posible. Quizá desde hoy, el sobrenombre ‘La Perfección’ tenga un nuevo dueño.
Djokovic sometió como nunca nadie lo hizo antes a Rafael Nadal, entonces campeón vigente y número 1 saliente, en una final de Grand Slam. De hecho, nadie que no fuera Roger le había ganado en esa instancia.
En el primer set, el nivel era altísimo y el juego parejo. El quiebre llegó en el décimo juego: un momento de debilidad de Nadal al saque, sumado a la agresividad del serbio en la devolución, y 6-4 para Djokovic. El segundo set del Nole fue limpio como el primero; solo dos errores no forzados, que devinieron en un 6-1. El momento era inédito: no era el súper duelo esperado –Djokovic era demasiado para Nadal– , pero, ¿sets corridos?
La concentración e intensidad de Djokovic decayeron en el inicio del tercer set, y, con ello, su timing y la soltura de sus golpes. Rafa aprovechó su primera chance de quiebre del partido para colocarse 2-0 arriba. Volvería a quebrar para hacerse del parcial por 6-1.
Pero Novak cerraría las puertas a la remontada del bicampeón de Wimbledon, robándose precisamente su estilo: antes era el español quien cansaba al rival haciéndolo correr por toda la cancha y resistiendo más que él; ahora es el serbio quien siempre tiene ese golpe extra. Y así ha sido todo el año.
Intercambiaron quiebres en el inicio del cuarto set, y mantuvieron sus servicios hasta el octavo juego. Djokovic tomó el juego de saque de Nadal, se animó a subir a la net sirviendo para el partido y cerró con una pelota larga de Rafa: 6-1, 6-4, 1-6 y 6-3; la historia estaba escrita, acabábamos de verla.
El momento fue impresionante. ¡Ya no era Rafa en el suelo, era Nole! Era Djokovic el que gritaba y celebraba con la tribuna, el que se animó a comer un poco de pasto porque ya no sabía que más hacer; tanta era la alegría por haber creído en sí mismo y ver los resultados: “Después de la Copa Davis [ganada en diciembre pasado con Serbia] estaba lleno de energía, ansioso de seguir jugando. En una frase, perdí el miedo. Creí en mis capacidades más que nunca”.
Siete meses más tarde, ha ganado 50 partidos de 51 jugados, tiene un nuevo Abierto de Australia y un sueño cumplido.
“Es el mejor día de mi carrera. Para este tipo de días practiqué todos los días, dedicándome, siendo un profesional. Hablaba con mis hermanos y mi familia en el camerino [después del partido], y recordábamos esos días en Alemania [donde entrenó] y en Serbia, cuando tenía 8, 9, 10 años, los sueños que tenía. Es realmente hermoso. No fue un camino fácil, pero supongo que es necesario para pelear por lo que quieres alcanzar”.
El cambio de guardia está consumado. Desde 2003, solo Federer y Nadal habían alzado el trofeo, que hoy tiene un nuevo dueño. Uno que no lo muerde, sino lo abraza, lo arrulla sobre su pecho y lo besa románticamente. Así fue esta edición 125 de Wimbledon: un cariño para el hincha, un paso suave al futuro del tenis. Y el futuro es hoy.
P.S.: Regalo de la BBC: una generosa selección de los mejores momentos de la final. [Set 1] [Set 2] [Set 3] [Set 4]

